El requesón está teniendo un momento. Después de décadas como alimento básico, de repente está en todas partes, desde salsas para pasta virales hasta productos horneados. Pero, ¿está justificado este resurgimiento o es simplemente otra tendencia alimentaria fugaz? Los expertos están de acuerdo: el requesón ofrece beneficios nutricionales reales, pero no es la solución mágica que algunos afirman.

La larga historia de una reputación saludable

Durante generaciones, el requesón se ha relacionado con la pérdida de peso y la alimentación baja en calorías. La cultura dietética de la década de 1990, como recuerda la dietista Skylar Weir, hacía que los adultos mayores añadieran habitualmente queso cottage a las ensaladas o lo disfrutaran como una opción de alimento blando. Leslie Bonci, dietista que trabajó con equipos deportivos profesionales, recuerda los “platos dietéticos” en los que el requesón era un pilar para que las mujeres cuidaran su peso.

Esta reputación de larga data se debe a su perfil nutricional: proteínas de alta calidad (especialmente caseína de digestión lenta), vitaminas y minerales esenciales como calcio, fósforo y B12, y una proporción favorable de calorías y proteínas. El requesón también contiene leucina, un aminoácido clave para la recuperación muscular, lo que lo convierte en una adición potencialmente valiosa a la dieta de un atleta.

¿Por qué ahora? La moda de las proteínas

El aumento de popularidad actual está ligado a la “obsesión por las proteínas” más amplia en las dietas modernas. Con aproximadamente siete gramos de proteína por cuarto de taza, el requesón se destaca como una fuente relativamente magra. Esto lo hace atractivo para quienes priorizan la ingesta macro sin exceso de grasa o azúcar.

Sin embargo, no es necesariamente la mejor opción láctea para obtener proteínas. Otros quesos, como el parmesano o el manchego, pueden contener una cantidad similar de proteínas en porciones más pequeñas e incluso ofrecer más sabor.

La versatilidad es clave

Uno de los mayores puntos fuertes del requesón es su adaptabilidad. Como dice Bonci, es una “pizarra en blanco culinaria”. Puedes comerlo solo con fruta, mezclarlo en batidos, mezclarlo con bocados de huevo o incluso usarlo como base para salsas saladas (como una salsa rica en proteínas).

Los expertos coinciden en que el requesón es más eficaz cuando se integra en una dieta equilibrada que incluya alimentos integrales, fibra y grasas saludables. Es una herramienta útil, pero no debe tratarse como un “superalimento”.

Más allá del requesón: otras opciones lácteas ricas en proteínas

Si no te gusta la textura o el sabor del requesón, no lo fuerces. Ricotta, labneh y skyr son excelentes alternativas. Para un rápido aumento de proteínas, el parmesano o el manchego pueden aportar siete gramos de proteína por onza. Incluso los snacks procesados, como las patatas fritas con parmesano, pueden aportar alrededor de 13 gramos por ración.

En última instancia, el objetivo no debería ser obsesionarse con un solo alimento, sino preparar comidas nutritivas y satisfactorias utilizando ingredientes flexibles como el requesón como componentes básicos. No caiga en los extremos; El requesón se ha ganado su lugar en una dieta saludable, pero no es una cura milagrosa.