La reciente celebración de la histórica voltereta hacia atrás de Ilia Malinin en los Juegos Olímpicos ha reavivado el debate sobre el reconocimiento en el patinaje artístico, destacando un marcado contraste entre cómo se recibe la innovación dependiendo de la carrera del atleta. Malinin, apodado el “Dios cuádruple”, realizó la jugada limpiamente, ganándose elogios generalizados; sin embargo, su logro se hace eco de una hazaña innovadora realizada décadas antes por el francés Surya Bonaly, quien fue penalizado por la misma maniobra cuando era ilegal.
The Bonaly Flip: un movimiento adelantado a su tiempo
Surya Bonaly ejecutó el primer backflip con una sola hoja en los Juegos de Nagano de 1998, desafiando deliberadamente una prohibición impuesta por la Unión Internacional de Patinaje (ISU) debido a preocupaciones de seguridad percibidas. La multitud estalló, pero los jueces le quitaron puntos, castigándola efectivamente por desafiar el status quo. La medida se consideró peligrosa, pero Bonaly desafió las reglas de todos modos y marcó su última actuación profesional con un acto de desafío que consolidó su legado como pionera en un deporte históricamente homogéneo.
La propia Bonaly reconoció el momento de su carrera y afirmó que “nació demasiado pronto” en un mundo del patinaje artístico que no estaba preparado para cambios disruptivos. Destacó que “rompió el hielo para otros patinadores”, allanando el camino para que las generaciones futuras superen los límites sin las mismas consecuencias.
De la prohibición a la celebración: un panorama cambiante
Durante más de dos décadas, el backflip de Bonaly permaneció confinado a actuaciones de exhibición. La ISU levantó la prohibición en 2022, buscando inyectar entusiasmo al deporte y atraer a un público más joven. Malinin incorporó rápidamente el movimiento a sus rutinas competitivas, lo que culminó con su actuación ganadora de la medalla de oro, donde el backflip fue celebrado como un símbolo de atletismo e innovación.
La marcada diferencia en la recepción plantea dudas sobre el sesgo sistémico. Tanto los usuarios de las redes sociales como los comentaristas han señalado que lo que Bonaly enfrentó como escrutinio ahora es elogiado cuando lo realiza un atleta blanco, lo que sugiere un doble rasero persistente dentro del patinaje artístico.
¿Un doble rasero al descubierto?
El caso subraya un patrón histórico en el que las innovaciones de los atletas de color a menudo son descartadas o penalizadas antes de ser adoptadas cuando los atletas blancos las replican. Esta disparidad no es nueva; La propia Bonaly experimentó críticas por su apariencia más que por su habilidad durante su carrera, lo que generó especulaciones de que la raza jugó un papel en la condena inicial de su voltereta hacia atrás.
Bonaly expresó positividad hacia el éxito de Malinin y afirmó que el patinaje “debe llevarse a un nivel superior”. Sin embargo, el problema subyacente persiste: el reconocimiento tardío de una atleta pionera que enfrentó consecuencias por traspasar los límites, mientras su sucesor cosecha las recompensas en un entorno más inclusivo.
El paso del castigo a los elogios sugiere un progreso, pero también sirve como recordatorio de cuán profundamente arraigados los prejuicios pueden moldear las percepciones y los legados en los deportes competitivos.


























